Imanol Uribe, el director de las relaciones humanas marcadas por la violencia
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Imanol Uribe, el director de las relaciones humanas marcadas por la violencia

27 febrero, 2017
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Imanol Uribe es el benjamín de esa generación de directores españoles que nuestro cine ha ido jubilando, es de la quinta de Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Cuerda, Jaime Chávarri y Mario Camus. Y ahí sigue, a sus 67 años y en la brecha.

lejos_del_marEl proceso de Burgos (1979)Imanol Uribe, fue el primero en romper el tabú sobre el terrorismo etarra en nuestro cine. Desde su primera película, La fuga de Segovia (1981), el director guipuzcoano ha abordado el tema de la violencia en el País Vasco de una manera recurrente. La muerte de Mikel (1983), Días contados (1994), Miel de naranjas (2012) y la reciente Lejos del mar (2015), esta última destrozada por la crítica injustamente en mi opinión, son ejemplos claros de su interés constante por abordar la problemática vasca desde todas sus perspectivas.

 

«No hago cine político […] en el fondo siempre he querido hacer historias intimistas sobre las consecuencias de los implicados en un pasado de violencia, pero huyendo como de la peste de la política. Me atrae esa vertiente de las relaciones humanas más que el análisis de las consecuencias».

 

Bien es cierto que este cine con ETA de telón de fondo se ha ido alternando con otras joyas en su cinematografía. Para mí, hay dos muy claras: El rey pasmado y El viaje de Carol. Con estos filmes parece que el director se ha ido reconciliando con la crítica más voraz. Tras unos años de cine comprometido, en la frontera entre el documental (El proceso de Burgos en 1979) y la ficción (La muerte de Mikel en 1983), los fracasos comerciales de sus incursiones en el cine negro como Fuego eterno (1985), Adiós, pequeña (1986) o Luna negra (1989) y un trabajo para televisión dentro de la serie La huella del crimen dirigida por su maestra y amiga Pilar Miró, Uribe entra con éxito en el cine comercial de calidad con El Rey pasmado (1990).

 

A primeros de 1990, el director Imanol Uribe leyó de un tirón la novela de Gonzalo Torrente Ballester y días después se puso en contacto con él para solicitarle los derechos de filmación. Al principio fue difícil conseguirlos, pero el escritor acabó cediendo a cambio de que el director mantuviera en el film el mismo nivel de erotismo que hay en la novela, a lo que Uribe accedió encantado. El rey pasmado obtuvo ocho premios Goya en 1991: mejor guión adaptado (Joan Potau bajo la supervisión de un hijo del escritor), mejor actor de reparto (Juan Diego), mejor música (José Nieto), mejor dirección artística (Félix Murcia), mejor vestuario (Javier Artiñano), mejor producción (Andrés Santana), mejor sonido (Gilles Ortion) y mejor maquillaje y peluquería (Josefa Morales y Romana González).

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En 1994 repitió éxito de público y crítica con su adaptación al cine de la novela homónima de Juan Madrid, Días contados. Esta película les valió múltiples reconocimientos tanto al director como a los intérpretes de la película. Fue galardonada con ocho premios Goya entre los que se incluye mejor película, premio que también consiguió en el Festival de San Sebastián. Uribe fue premiado también en los Goya como mejor director; el protagonista de la película, Carmelo Gómez, como mejor actor; Javier Bardem, como mejor actor secundario; y Ruth Gabriel, que da vida a Charo, obtuvo el Goya a la mejor actriz revelación. La película trata sobre personajes, donde cada uno comparte un mundo en el que cada uno se autodestruye y no tiene salida y no hemos de sentirnos raros por ver la parte humana de Antonio y llegar a entender la situación por la que atraviesa en la película.

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En 2002, Imanol Uribe visita un pedazo de nuestra historia reciente, la guerra civil española, con el Viaje de Carol. El interés de esta película es sobre todo pedagógico. Permite abordar el tema difícil ­—y algo aburrido para los jóvenes— de la guerra civil a través de los ojos de una niña de doce años. Pero no es una película sobre la guerra civil. Este conflicto sirve de telón de fondo y permite explicar conceptos como la libertad, la opresión, la clase social o el compromiso político. No hay escenas bélicas, pero sí rencores y obcecaciones ideológicas de algunos personajes adultos. Aunque lo que más interés despierta es el dibujo que Uribe hace del mundo infantil a punto de pasar a la madurez y para ello cuenta con un aliado excepcional, Juan José Ballesta, el niño que nos sorprendió en El Bola.

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Para acabar este pequeño repaso por el cine de Uribe con motivo de su cumpleaños me gustaría destacar la figura de Javier Aguirresarobe, uno de los mejores directores de fotografía del mundo, presente en muchos de los filmes del director. Su fama se debe gracias a una carrera cimentada en la experimentación con las luces y las sombras, en la que manipula la realidad a su antojo y es capaz de extraer toda la fuerza dramática del contraste entre la luz y la oscuridad. En ese difuso territorio que separa a la sombra de la luz es donde Aguirresarobe encuentra sentido a su trabajo.

Imanol Uribe logra con su cine que reflexionemos sobre los conflictos políticos pero no hace política; él habla de personas, de sentimientos, de situaciones extremas que han de afrontar los personajes de sus películas, historias de amor, de amistad, de la vida en el mundo real. Hoy es un buen día para felicitarle y animarle a que siga trabajando, esperamos ver pronto un nuevo trabajo suyo.

 

Natalia Garcés

 

Natalia Garcés

Supongo que pasarme la vida jugando con mi hermano a “¿de qué peli es esta frase?” es buen ejemplo de mi pasión por el cine, que me acompaña día a día. Miles de escenas se guardan en mi retina, personajes apasionantes, localizaciones fabulosas y encuadres imposibles. Que el celuloide nos acompañe. @pelodefanta

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